miércoles, 1 de marzo de 2017

Muerta de Miedo.


Fotografía cortesía/Licencia de Creative Commons.

Muerta de Miedo

Muerta de miedo


Ocurre en muchas ocasiones. No es algo nuevo. Nos cruzamos con una muchedumbre. Desconocida. Extraña para nosotros. Personas que nunca habíamos visto. Gente a la que no le interesas. Gente que a ti no te interesa. Pero un día, no se sabe bien como, algo imprevisto sucede; un detalle, un gesto, una mirada, una palabra dicha en tono amable o por el contrario una palabra dicha en tono agresivo; entonces te das cuenta que no somos extraños los unos a los otros, nos une a muchos algo invisible que nos hace convertirnos de seres anónimos a tener una identidad muy similar. No es una identidad de aspecto físico, sino que nos unen los individuales sentimientos íntimos que nos trastornan y sobrepasan. Nos une la intranquilidad, la insatisfacción y, a veces nos une el miedo.
-Me llamó mi prima, ayer, a eso de las cuatro de la tarde. Yo me encontraba medio dormida en un estado de duermevela. Podría decirse que estaba disfrutando de una siesta pero, no era así. Estaba adormecida como resultado de la toma de medicamentos. Estoy enferma y, no me queda más remedio que medicarme. Mi prima Elena, ese es su nombre, me llama muy a menudo, casi siempre a la misma hora, tal cual como ayer…
El teléfono sonaba y sonaba. Mis tímpanos escuchaban ese machacante sonido. Traté de localizar el aparato sin éxito. Quise moverme pero un cansancio interior me lo impidió.
El teléfono dejó de sonar. Confieso que fue una liberación, no tenía el ánimo como para conversar con la gente, aunque Elena no debería denominarla “gente”; ella es tan buena conmigo, tan comprensiva, es una buena escuchante y me hace sentir importante. En realidad ella no suele hablar mucho, más bien es de las personas que inician una conversación con palabras banales sin querer provocar interés, pero, yo creo, más bien estoy segura, que su método, porque lo que ella hace es un método,  lo ha aprendido y perfeccionado en el trascurso de los últimos diez años; para poder comprenderme y tratar de ayudarme a salir de este agujero negro en el que caí y no encuentro el modo de escapar.
-Elena comienza a hablar y, de pronto no sé cómo,  ella está callada y mi boca está llena de saliva una producción exagerada de saliva, que me llena la boca,  me la inunda e inicio un monólogo no premeditado, es como si a mis cuerdas vocales las hubieran dado cuerda y llegando al tope cuando la cuerda está en su punto, mis cuerdas vocales como si de una noria en movimiento se trataran, comienzan a vibrar y pronuncio palabras y trago saliva no toda porque en ocasiones noto como la baba me resbala por las comisuras de la boca, y Elena continua en la misma posición frente a mí, con su mano derecha apoyada en  el lado derecho del sofá.
- Supongo que después de sonar el teléfono la última vez, me quedé dormida. Acabo de mirar el reloj de la mesita de noche, marca las 8 de la tarde. Resulta que me encuentro en el dormitorio y, no sé cómo he llegado hasta aquí. Tengo hambre y sed. Me levanto y me dirijo hacia el cuarto de baño. Abro el grifo de agua a temperatura ni fría ni caliente en la bañera y, echo un chorrito de gel de baño. Mientras, pienso,- bajaré a coger algo de beber y comer de la nevera- . Creo que todavía quedan dos latas de cerveza y media pizza de ayer.
-Mi casa es una construcción de dos plantas. En la planta baja se encuentra el recibidor, un pasillo que da acceso a dos dormitorios uno de ellos con cuarto de baño incluido, una cocina, un aseo, muy práctico para casos de urgencia, el salón con cocina integrada. En la segunda planta, también dos dormitorios , un cuarto de baño y, una habitación a la que denomino la sala de desintoxicación – cuando estoy estresada utilizo los aparatos deportivos existentes , como cinta de andar, pesas, gomas elásticas, etc. 
-Desciendo a la planta baja por la escalera interior que une las dos plantas. Así como a lo lejos, escucho el ruido que provoca el agua saliendo del grifo en el cuarto de baño y, pienso debo darme prisa no vaya a ser que se desborde la bañera….
No enciendo las luces, conozco el camino. Siempre me ha fascinado el momento en que abro la nevera mientras la oscuridad invade la casa…Pues eso,  me acerco al electrodoméstico tanteo la puerta, la superficie está fría y como resbaladiza. Disfruto del momento previo a la apertura, agarro el asidero lo sujeto con fuerza y lentamente con cierta parsimonia comienzo a tirar de ella. Y como si de un milagro se tratara, un haz luminoso que se va ampliando paralelamente a la abertura entre la puerta y el electrodoméstico invade mi vida y ciega mis ojos.
-Cada vez que realizo la acción del frigorífico, cuando está oscuro; me asalta la idea de vaciarlo. Sacar toda la comida y bebida existente en su interior. Retirar los estantes y dejar el aparato, simplemente, vacío. De ese modo podría meterme en él y dejaría que el sueño se apoderara de mí, un sueño eterno  del cual no pudiera despertar. Un sueño que me protegería de los males que me acechan en el exterior. Aislada de peligros desconocidos o de los violadores,  asesinos y criminales que se ven en las noticias diarias en los medios de prensa. Al pensar esta última frase se estremeció de miedo; mientras paralelamente en el tiempo,  cerraba la puerta del frigorífico.
Lía con una cerveza en una mano y la media pizza en la otra, comenzó a ascender por las escaleras. El cuerpo le pesa mucho, los dos objetos que lleva en las manos se la antojan que pesan demasiado para ser tan pequeños. Por fin salva el último peldaño de la escalera y se sobresalta tanto que está a punto de caerse hacia atrás,  movimiento que salva al dejar caer la pizza al suelo y, con la mano libre poder asirse a la barandilla.
Sobre el suelo puede ver como comienza a deslizarse un fino hilo de agua procedente del cuarto de baño. ¡Joder¡ Ella corre,  eso sí con cuidado de no pisar el reguero líquido evitando el resbalar; al llegar a la puerta contempla un espectáculo que a ella se le antoja muy bonito. El agua ha sobrepasado la capacidad de la bañera, como consecuencia, el líquido se desborda por el momento en pequeños regueros a través de la estructura y, lo que le emociona, le seduce es la espuma flotante que se desliza, se evade, se escapa de la bañera cayendo como si fueran diminutas cascadas de burbujas.
Cierra el grifo. El suelo del cuarto de baño no está del todo encharcado, ha llegado a tiempo piensa por un instante.
Con ayuda de un par de toallas de baño consigue sin dificultad limpiar toda el agua. Ya no tiene ganas de tomar un baño, por lo que quitando el tapón de la bañera,  la deja vaciarse. El teléfono está sonando de nuevo.
- No, ahora no por favor. Aunque puede que sea Elena.
Se dirige a su dormitorio y levanta el auricular del teléfono, ¿diga?:
-         Soy yo,  ¿te alegras de escuchar de nuevo mi voz?
Los ojos de Lía  se abrieron de una forma desmesurada, las piernas la flaquearon, sus  labios temblaron, en definitiva: Le tembló el Universo entero. (1)
Hace dos días que Elena no llama a su prima. Bueno no es exactamente así, la llamó hoy por la mañana desde el trabajo sin obtener respuesta. No pensó en nada, simplemente supuso que todavía estaría durmiendo. Ahora ya está Elena de vuelta en casa. El día de trabajo ha sido agotador, clientes y más clientes que quieren comprar y, pagar muy poco.  Desde hace diez  años Elena trabaja de secretaria en el departamento de compras de una firma dedicada a la exportación de productos alimentarios y todavía  no se acostumbra a ese incesante ritmo de llamadas telefónicas y a esa invasión de emails que inunda la bandeja de entrada del correo electrónico. Es cierto que los problemas suelen ser siempre los mismos y, las soluciones también. Pero hay que continuar con la estrategia de mercado  que lleva la empresa: Al cliente hay que hacerle ver que siempre tiene razón, pero, a la vez hay que convencerle de que nosotros siempre mejoramos sus expectativas. Y la estrategia funciona, en el noventa por ciento de los casos.
 Como es en ella habitual,  después de preparar una cena fría, se acomoda en el sofá enfrente del televisor. Son cerca de las siete de la tarde hora del noticiero. Elena no presta demasiada atención, siempre es lo mismo , repetido de diferente modo, es como si los periodistas al no tener nuevas noticias que ofrecer, se limitan a utilizar el sistema de Microsoft en el que pueden cambiarse cualquier palabra con sinónimos…Vamos, que juegan con muchos de nosotros, creen que todos somos unos incultos. En esta reflexión  se encuentra Elena cuando de pronto ve las imágenes que un reportero de calle está emitiendo, en las que al fondo se puede ver la fachada principal de la cárcel de la ciudad.
Tras cumplir condena de 10 años,  antes de ayer, quedó en libertad el violador múltiple “Polecimoro “. A pesar de la violencia que utilizaba con sus víctimas, confesó al final que fueron cinco, todas sus víctimas sobrevivieron.  Únicamente una de las víctimas se presentó como acusación; acusación que permitió que fuera condenado.
Elena se levanta disparada del sofá. Polecimoro, Polecimoro, Polecimoro, repite una y otra vez a modo de letanía…
Elena no daba crédito a lo que escuchaba. Las noticias no presentaban ninguna fotografía con la que poder ver el rostro del violador. Pero ella  Elena, sabía cómo eran sus facciones, la mirada de sus ojos, la sonrisa perversa de sus labios, el aspecto y gestos de soberbio. Su voz inconfundible, su voz asquerosa,  pensó con un gesto de rabia y de miedo…Ella estuvo en el juicio, asistiendo cada día para dar ánimos a su prima.
De pronto, recordó las últimas palabras que el violador pronunció al escuchar la sentencia de ¡CULPABLE! , dirigiéndose hacia Lía, una Lía joven con el gesto del miedo reflejado en su rostro:
Siempre estaré en tu pensamiento, has sido mía y serás siempre mía. Morirás y tu último pensamiento será dedicado a mí. Ja, ja, ja.
-Elena se dirige al teléfono y marca con dedos nerviosos el número de su prima… Uno, dos, tres, cuatro, así hasta nueve veces suena el sonido de llamada… No obtiene respuesta. Cuelga y reintenta la llamada… Uno, dos, tres, cuatro, así hasta nueve veces suena el sonido de llamada…De nuevo sin obtener respuesta; y, entonces dando un golpe al aparato lo lanza contra el suelo, coge el llavero repleto de diferentes llaves y, ya en la calle, sentada en el asiento de su coche arranca el motor saliendo a toda velocidad.
La distancia que hay desde su casa y la de su prima son unos quince kilómetros. Transcurridos 15 minutos ya ha llegado delante de la casa de su prima. Aparca el coche de cualquier manera y busca la llave de la puerta de la casa de su prima. Le cuesta introducir la llave en la cerradura.
-Lía, Lía,-  grita Elena al entrar en la casa.
 Las luces del piso de arriba están encendidas. Se dirige a las escaleras y comienza a subirlas latiéndole el corazón al límite. A través de la puerta abierta del cuarto de baño,  puede ver un par de toallas empapadas de agua sobre las baldosas. El dormitorio,  – piensa- se habrá quedado dormida a causa de los medicamentos. Nada, la cama está vacía, Abre el armario de dos puertas, tampoco nadie. Un sudor frío se apodera de Elena, una respiración agitada casi la ahoga. Mira en las otras habitaciones. Nadie.
-Lía, Lía, - grita Elena de nuevo, esta vez bajando las escaleras.
Abajo está todo a oscuras. Ninguna luz encendida. ¡No, la luz del contestador del teléfono en el cuarto de estar parpadea! Parece mentira que un fuente de luz tan pequeña pueda iluminar tanto en la oscuridad. Elena puede identificar las siluetas de los muebles y objetos del salón;  Lía no da señales de vida, donde estás se pregunta Elena desesperada. De pronto como si fuera una señal se percata de la luz del contestador reflejada en la otra habitación, concretamente en la cocina y en un punto concreto.
Desconoce el porqué, no sabe el porqué, aun así dirige sus pasos hacia el punto concreto, el reflejo de la luz del contestador sobre la puerta del frigorífico la atrae como un imán. Ya en la cocina, se tropieza con cosas no sabe cuáles,  intenta encender la luz pero los nervios la impiden encontrar el interruptor.
Entonces Elena tiene un presentimiento, se acerca al frigorífico y comienza a abrir la puerta lentamente recordando una conversación que tuvo con Lía:
Cuando está oscuro; me asalta la idea de vaciarlo. Sacar toda la comida y bebida existente en su interior. Retirar los estantes y dejar el aparato, simplemente, vacío. De ese modo podría meterme en él y dejaría que el sueño se apoderase de mí, un sueño eterno  del cual no pudiera despertar jamás. Un sueño que me protegería de los males que me acechan en el exterior. Aislada de peligros desconocidos o de los violadores,  asesinos y criminales que se ven en las noticias diarias,  en los medios de prensa.
Elena se estremeció de miedo; mientras paralelamente en el tiempo,   abría  la puerta del frigorífico. Sabía lo que se iba a encontrar.
                                                                Final            (1) Cita del Diccionario de la Lengua Española.

©Berta Martín de la Parte
26/02/17

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